No publicamos una nota sobre un edificio hasta poder mostrar de dónde sale cada dato. Estos son los criterios que aplicamos antes, durante y después de escribir.
Fuentes antes que relato
Cada crónica arranca con un expediente: planos de obra, licencias municipales, memorias de contratistas, notas de prensa de época. Si una fuente no se puede citar con precisión, no entra en el texto. Cuando hay versiones contradictorias, las dejamos a la vista en lugar de resolverlas por conveniencia narrativa.
Lectura de planos, sin atajos
Revisamos escalas, cotas y sellos de taller para entender cómo se pensó una herrería de balcón, un vitral emplomado o el ensamble de una escalera de mármol. Los planos comentados que publicamos señalan qué se conserva, qué se modificó y qué se perdió, con la misma claridad para un restaurador que para alguien que recién se acerca al tema.
Entrevistas con quien interviene
Hablamos con restauradores, jardineros y equipos de conservación que trabajan sobre los edificios y sus parques. Nos interesa el detalle técnico: qué material se eligió, por qué se descartó otro, qué se decidió no tocar. Las respuestas se publican atribuidas y con el contexto suficiente para que se entienda el alcance de cada intervención.
Recorridos por espacios en uso
Salones, galerías y jardines que hoy funcionan como espacios públicos se documentan en su estado actual, no como piezas de museo. Registramos el desgaste real del uso cotidiano y lo contrastamos con el estado original cuando hay material para hacerlo. Nada de reconstrucciones imaginarias.
Correcciones a la vista
Cuando alguien detecta un error, una fecha mal atribuida o una pieza mal identificada, lo corregimos y dejamos constancia del cambio. La corrección no se esconde: forma parte del proceso editorial y ayuda a que la próxima crónica sea más precisa.
Sin promesas, sin plazos
No vendemos servicios ni garantizamos resultados. Publicamos cuando la investigación está cerrada y las fuentes, verificadas. Si un edificio sugerido no reúne material suficiente, lo decimos y queda en espera. El ritmo lo marca el archivo, no un calendario comercial.